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martes, 18 de octubre de 2011

Se multiplican las "cougars": mujeres maduras que persiguen hombres jóvenes, muchas disfrutan del brunch .

"Las mujeres están ganando mucho más poder y ahora prefieren salir con hombres más jóvenes, algo que no estaba bien visto y la TV se ocupó de naturalizar”, asegura Marian Salzman, referente mundial en marketing. Las marcas las tienen en la mira. Cómo reconocerlas.
Marian Salzman, una alta ejecutiva de EURO RSCG Norteamérica, que en el pasado acertó con tendencias como la de los “metrosexuales” y el ascenso de los “wiggers” (blancos que emulan las modas de los afroamericanos, como satiriza el cómico Sacha Baron Cohen), anticipó a iEco sus tendencias para 2010.
Demi Moore
Una de las más divertidas es la del advenimiento de las llamadas “cougars” (un término coloquial del inglés que define a una mujer de edad madura que persigue sexualmente a hombres mucho más jóvenes). “El paso de la edad nunca ha sido un tema fácil para las mujeres. Pero las mujeres están ganando mucho más poder y ahora prefieren salir con hombres más jóvenes, algo que no estaba bien visto y la TV se ocupó de naturalizar”. Con personajes como el de Samantha, de Sex and The City, pero la realidad siempre supera a la ficción y ahí a mano están los casos de Madonna y de Demi Moore.
 Las cougars existen en todos los países, pero en el ambiente de los famosos resultan más fáciles de detectar. La cualidad más visible de estas mujeres es que buscan como pareja a hombres mucho menores que ellas.
Susan Sarandon
 Algunos las descalifican como mujeres insaciables, incapaces de asumir su edad. Otros, celebran que se animen a disfrutar de ciertos "permisos" que antes sólo estaban en manos de los varones.
La "cougar" más célebre del mundo, y probablemente la más envidiada, es Demi Moore, que con el aplomo de una cuarentona bien parada puso sus ojos sobre Ashton Kutcher, unos 15 años menor, y con un certero zarpazo lo llevó primero a su dormitorio y luego al altar. "Tengo la suerte de dormir con él", alardeó la diva, orgullosa, a través de Twitter.


Según los especialistas, si algo distingue a las "cougars" es su capacidad para hacer amigos en todas partes. El peluquero es su amigo. El personal trainer también. El profesor de los niños, el instructor de tenis, el DJ de la fiesta de 15 de su hijastra y hasta el "bartender" que conoció en el crucero a las Bahamas, todos son sus amigos, y todos, por supuesto, son visiblemente más jóvenes que ella. Eso la mantiene "activa".
Joan Collins
La "cougar" es generalmente divorciada. O viuda. Y si es casada, está en pareja con un hombre tan ocupado (tan aburrido o tan indiferente a la intimidad con ella), que no cuenta para nada. La maternidad la "entretiene" y los hijos son "su cable a tierra", pero en los hechos tiene poco tiempo para las responsabilidades que involucra una familia.
La Trump

En ese sentido, habla y defiende  la idea de "calidad" por encima de la "cantidad", convencida de que basta el desayuno y un ratito a la hora de la cena para considerarse una buena madre. ¿Duro, no? Pero es lo que dicen quienes han analizado el perfil. Es más: afirman que si los hijos son adolescentes, es la mamá "cool", más adolescente y esforzada por sentirse un par que mamá al fin.

La soledad puede ser a veces mejor compañera


La "cougar" le tiene pánico a la vejez. Combate el paso de los años con una disciplina casi militar. Fitness, pilates, spinning, tenis, yoga y personal trainner son parte de su ritual semanal, y probablemente busque apoyo en algún tipo de "meditación". El agua y el té verde son sus líquidos favoritos, y se llena de ensaladas con pocas calorías.
Kim Cattrall
Como es moderna e independiente, no tiene ningún problema en reconocer que ha recurrido a la ayuda del bisturí. Hasta queda bien.

lunes, 17 de octubre de 2011

La gallina decapitada por Leonidas Barletta

Después vino el cumpleaños de Pedrito y don Pedro quiso festejarlo porque caía en domingo. Y fue un día de imprevistos sucesos.
-¡Claro, porque no sos vos el que está en la cocina -rezongó doña María. Pero se sentía contenta con la decisión del padre.
Mario fue a comprar cinco de papel y sobres al almacén.
-¿Qué pongo? -preguntaba Alberto con los dedos sucios de tinta. De un lado de la silla estaba don Pedro y del otro doña María. Una hoja de diario doblada servía de carpeta.
-Arriba se pone la fecha -afirmó severamente el padre y miró a doña María de reojo, buscando su aprobación.
-Y en el otro renglón: el nombre, y más abajo: Apreciada hermana...
Cuando la pluma dejó de chirriar sobre el papel, marido y mujer volvieron a mirarse, y ella dictó:
-La presente... es...
- ...para desearte buena salud... -prosiguió don Pedro.
-... Con tu esposo y sobrina Queca... -agregó doña María.
-Nosotros por ahora vamos tirando... -siguió don Pedro.
-Si, sí; especialmente yo, con este brazo que no lo puedo mover... -comentó en voz baja la mujer. Y espantando a los dos perros, gritó:
- ¡Váyanse afuera ustedes...! ¡Qué tienen que estar escuchando!
-¿Qué te hacen los pobres animalitos? -intervino don Pedro, con forzada severidad.
-Bueno; yo sé lo que hago -replicó doña María-, No vamos a empezar ahora... ¿eh?
-Seguí... El motivo de la presente...
-Ya puse presente -advirtió Alberto, sin levantar los ojos del papel.
Doña María se encolerizó.
-Usted ponga lo que le dice, su padre. ¡Oh! no faltaba más con estos monosabios.
Don Pedro se sintió agradado, pero creyó oportuno decir:
-Déjalo, el chico tiene más escuela que yo... pero antes se ponía así...
-Bueno, ¿qué pongo?
-El motivo de... bueno, eso ya está... es para avisarte que el domingo festejamos... el cumpleaños de nuestro hijo Pedrito...
Doña María agregó:
-Si Dios quiere. ..
-Si Dios quiere... -repitió don Pedro. (Esto era un poco vago, vero de ritual.) Y de pronto, con una cara que no era de entrecasa, el padre añadió de un tirón- y haremos una raviolada...
Alberto tiró la lapicera sobre la mesa, trató de levantarse de la silla y protestó:
-Yo no escribo eso...
Doña María aprobó, un poco asustada por lo que pudiera pasar:
-El chico tiene razón... ya tuviste que salir con una de las tuyas... Sentáte, Albertito, escribí...
y te invitamos a almorzar, con tu marido y tu hija.
...no hace falta que traigan nada, porque hay de todo...
... “dejesen” de cumplimiento y vengan a la mañana.. .
...a la tarde jugaremos a la lotería si quieren traer la bolsa y los cartones...
Alberto avisó que la hoja se le estaba terminando. Pero allí estaba nuevamente don Pedro, levantándose el mechón de la frente y dictando con seriedad:
...Sin más se despide tu hermana deseándote salud y felicidad en compañía de los tuyos.
Y la carta quedó sobre la mesa, tibia de ternura inexpresada, con sus garabatos de tinta.
(¡Qué raro! Habían consignado las muestras de simpatía y afecto familiares, escarabajeando en un papel. Como la arañita mana de sus fúsulas su pálida hebra de plata, la pluma deja tras de sí su trazo azul sobre la hoja en blanco. La inquietud de doña María, cuando Alberto escribe, es porque ella intuye que, al mover la pluma, una palabra tiene que suceder a la otra y se presentan en tropel y no hay modo de atajarlas. Luego la pluma las va bordando, una a una, con sus palitos, ojos, vírgulas, zapatillas y tildes y nunca dicen lo que se quisiera decir. ¡Ay, doña María, ése es el problema de los escritores! Ellos también piensan una cosa y la pluma les escribe otra, sin poderlo remediar.)
Los días de la semana se sucedían retrasándose a propósito. Habían empezado con un lunes, como procede, pero enseguida empezó el desorden. El miércoles llegó con aire de jueves y al mediodía había tallarines en la mesa y Fidel se negó a comer las sobras. El jueves a la mañana vino el cartero y subió a la veredita con el caballo. Nadie quería recibir la carta y tuvo que ir doña María con las manos mojadas.
-Viene a nombre de don Pedro -dijo Grasa, el cartero, extendiendo la mano con el sobre. El caballo sacudió la cabeza. (Claro, los chicos sabían de sobra que era el caballo el que repartía la correspondencia. Un hombre nunca puede soportar tanta responsabilidad: muertes, nacimientos, bautismos, casamientos, deudas...)
Por eso, mientras la madre explicaba que debía ser la respuesta de su hermana, que para llegar tenía que tomar una combinación de trenes, doña Matilde expresó, desde la puerta de su casa:
-Nunca se sabe qué trae una carta.
Doña María pensó: ¡Que se te haga la boca a un lado!
Y se santiguó.
Pero debía ser una buena nueva, porque Fidel y Valentina se alzaron sobre sus patas, aprovechando una distracción de doña María y lamieron el sobre.
- ¡Qué atrevidos! -exclamó ella, y secaba la carta con el delantal.
El único que entendía bien las cosas era el caballo del cartero, porque de pronto dio la vuelta y empezó a andar sin que se lo hubiesen ordenado.
(¡Qué trastorno! Ahora estaba la carta sobre la cómoda y tenían que quedarse solos con ella hasta que el padre llegase.)
Los perros andaban tan agitados por saber qué contenía el sobre, que doña María tuvo que cerrar la puerta.
Y cuando él llegó, al mediodía, los chicos señalaban el cuarto clausurado y gritaban:
-Papá... está la carta... vino la carta.
El sobre fue abierto con todas las precauciones y de adentro salió una hojita de color azul. Doña María le alcanzó una silla a su marido y él había sacado del cajón de la cómoda unos anteojos de alambre y revisaba el papel sin encontrar nada, porque seguramente esa letra estaba destinada a otro, o no tenía destino. Quizás fuese de la Queca que escribía mientras pensaba en su novio. Al fin don Pedro cedió su asiento a Alberto y le dio a leer la carta.
Eran pocas líneas, pero no faltaba nada. Iban a venir el domingo y traerían el juego de lotería y los querían a todos. Pero don Pedro y doña María no estaban satisfechos.
(¿Cómo iba a ser así de fácil la lectura de una cosa tan complicada? ¿No se trataba de un viaje de dos horas? ¿No se habían enojado cuando el cuñado, que podía, le había negado a don Pedro los seiscientos pesos para unas cuotas atrasadas de la casita?)
Entonces él simuló estar conforme pero cuando no lo veían iba a buscar la carta y la miraba por las cuatro esquinas y no encontraba en ella todo lo que hubiera querido hallar. Y por supuesto, el único que lo sabía era Fidel y ya era viernes y el almacenero había mandado dos cajones de cerveza.
El sábado se convirtió en lunes. Doña María baldeaba los pisos, levantaba torres de sillas sobre la mesa, espantaba a cada rato a las gallinas. Al mediodía, la comida no estaba preparada y don Pedro tuvo que mover el ropero. Mario pudo sacar por fin el barrilete que se había deslizado detrás del mueble y las arañas zancudas corrieron despavoridas a ponerse a salvo. Afuera, los sapos salían de entre las frescas matas de menta y daban grandes saltos, desarticulados, como si anunciasen un cataclismo.
Doña María, con la cabeza envuelta en un pañolón, fregaba y sacudía arrebatadamente.
Y de pronto ocurrió aquel suceso que llenó a todos de consternación. A la tardecita, cuando volvió el padre del trabajo, doña María señaló una gallina gorda, la Picaflora, y le dijo:
-Agarrámela, que se la voy a mandar a doña Matilde para que le retuerza el pescuezo; así la pongo a orear esta noche y mañana se hace un poco de caldo.
Don Pedro se levantó el mechón de pelo de la frente y replicó:
-¿Por qué se la voy a mandar a doña Matilde? ¿No la puedo matar yo? ¿Soy manco yo...?
-También yo la puedo matar -contestó doña María-, pero en mi casa no quiero sangre de los animalitos que yo misma he criado.
-¡Adiós, mi plata! -exclamó él-. Con esas ideas la gente se moriría de hambre.
En seguida se levantó en el gallinero una tremenda algarabía. Todas las gallinas, que ya se habían acostado, protestaron indignadas, y don Pedro apareció, flanqueado por Fidel y Valentina, que habían ayudado a cazarla, con La gallina colgando de las patas y agitando las alas.
Alberto le alcanzó la cuchilla grande y mientras doña María, Mario y Pedrito y los dos perros entraban en la pieza y cerraban la puerta para no oír los gritos de la pobre, don Pedro puso la cabeza de la Picaflora sobre la mesa, levantó el cuchillo y lo hizo caer sobre el cuello como la hoja de una guillotina.
Entonces ocurrió algo espantoso. (Es claro, fue algo más veloz que la misma muerte que el ave tiene preparada cuando la van a buscar.) Al oír el golpe, doña María, los chicos y los perros se agolparon en la puerta de la pieza y vieron saltar y pasar por la galería, corriendo en zig zag y chocando, al pobre animal sin cabeza. Al final del corredor, resbaló sobre un costado, pero volvió a enderezarse y desando el camino, tropezando con las sillas, como si anduviese buscando su cabeza. Iba dejando detrás un reguero de sangre. Al fin cayó junto a la puerta de la cocina y ya no se movió. (Y hubo un silencio que se correspondió con aquella muerte tan sorprendida de sí misma.)
Suerte que llegó el vinero y hubo que llevarle la damajuana vacía y entrar la llena.
El pito del masitero llenó de pronto toda la cuadra. Don Pedro le dijo a doña María, dándole unas monedas:
- ¡Cómprale unos bizcochos napolitanos, que a tu hermana le gustan tanto! Y de paso le compras algo a los chicos.
¡Y todo era para borrar aquella visión de la Picaflora sin cabeza!
Los dos perros salieron primero, a toda carrera y detrás de los chicos gritando:
- ¡Diga! ¡Masitero!
Ahora rodeaban la canasta plana, mientras el hombre descorría el lienzo blanco, agitando un colorido manojo de tiras de papel, sin dejar de silbar su musiquita, con un carozo de damasco.
Los ojos de los chicos volaban con los imprecisos movimientos de las moscas, desde los polvorones a las tortitas negras, desde los caballitos de chocolate al pan de cremona. Los bizcochos napolitanos, con semillas de hinojo, como tubos esmaltados en forma de ochos, estaban atados con un piolín en el asa de la canasta.
Pero, con todo, después que se comieron las masitas, volvió a aparecer el recuerdo de la Picaflora pasando sin cabeza por la galería.
Fidel husmeaba el rastro de sangre que don Pedro acababa de limpiar, Valentina seguía los pasos de doña María. Entonces, Mario afirmó lo que todos esperaban.
-Mamá... mañana, yo no como gallina.
Ya era de noche y los chicos y los perros se acostaron sin comer.
(A veces la noche se hacía tan profunda y misteriosa qué los niños no se atrevían a entrar en ella y fingían tener sueño para atrincherarse en la cama con los perros.

sábado, 15 de octubre de 2011

“Pensar diferente” no es malo, pensar en grande y no perder la fe en las cosas que deseo alcanzar, es un derecho, escuchar y respetar a un mentor es un deber.

“Think Different” Steve Jobs

El 05 de octubre los amantes de la tecnología y la innovación al rededor del mundo compartimos nuestra tristeza a través de la web, tras la noticia de que Steve Jobs el creador de Apple, el da Vinci de la era digital había fallecido. El sitio oficial nos anunció nuestra perdida con una fotografía, año de nacimiento y partida.
Steve Jobs
La noticia me llegó a través de un tweet pronto la web se llenó de mensajes de tristeza, comentarios con las citas más célebres de este extraordinario humano que revolucionó la industria de la música, quien volvió reales los dispositivos de ciencia ficción y nos hizo enamorarnos de una manzanita titilante.
Cuesta demasiado diseñar productos a partir de grupos cerrados. La mayoría de las veces la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas.
Cuando terminé el colegio recuerdo que mi sueño era ser diseñadora gráfica, una de las adquisiciones más deseadas en ese entonces para mí era tener una Mac. Todo diseñador no estaba completo sin tener la experiencia de utilizar estas máquinas hermosas, singulares las cuales no era accesible para cualquier persona.
¿Quieres vender agua azucarada el resto de tu vida, o quieres hacer historia?
Años después compré mi primera iMac, aún conservo la caja gigante en la que venía, para mí fue como comprar mi primer automóvil, con el cual sería capaz de comen el mundo. Con el tiempo descubrí más sobre la marca, las tendencias, sus novedades pero sobre todo descubrí más del genio detrás de todas estas maravillosas ideas e innovaciones: Steve Jobs.
Cada día me miro en el espejo y me pregunto: Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?. Si la respuesta es “No” durante demasiados días seguidos, sé que necesito cambiar algo.
Cuando uno emprende un camino siempre busca referencias para guiarse. Esas referencias son señales y personas que nos instruyen en la ruta. Cuando emprendí mi camino por la tecnología, enfocada en vivir de ella, participar en eventos y aprender de los mejores, Steve Jobs fue quien me ayudó a comprender que “pensar diferente” no era malo y que una idea puede impactar el mundo como él lo hizo con Apple.
No quedes atrapado en el dogma, que es vivir como otros piensan que deberías vivir.
Me siento afortunada de haber coexistido con Steve Jobs en el mismo momento histórico y ser testigo a través de sus conferencias, lanzamientos y discursos de la capacidad extraordinaria que tienen los humanos de crear, construir y establecer nuevas rutas para los demás.

Gracias Steve Jobs por inspirarme a ser diferente, pensar en grande y no perder la fe en las cosas que deseo alcanzar. Descansa en paz.

Stephanie Falla Aroche

Como consigo mi URL de Face?

Hola! Es sencillísimo. Cada vez que escuches URL, en la práctica es lo mismo que la dirección web de alguna página...
Si tienes tu perfil en facebook, entra a tu cuenta en Facebook con tu contraseña y correo electrónico. Luego copia la dirección que aparece en el cuadro superior de la pantalla (barra de dirección) para finalmente pegarla y así dársela a quien quieras.
Es decir, así es la forma de tener la URL de tu perfil, ahora, si no cualquiera que tenga esa URL puede verlo, es distinto...

Ej .
http://espanol.answers.yahoo.com/questio…
Yo la copié y la pegué tal cual te lo dije.
http://www.facebook.com/profile.php?id=100000158129350

viernes, 14 de octubre de 2011

La mentora: la hermana, la madre, la abuela (trabajar hoy )


PSICOLOGIA › CUESTIONES DE GENERO EN EL DESARROLLO LABORAL DE LAS MUJERES
La autora examina distintos problemas que se plantean a las jóvenes en su desarrollo laboral, especialmente en su relación con distintas figuras en los vínculos: la madre, por supuesto; la hermana, la abuela (pero las abuelas ya no son lo que eran) y un nuevo personaje: la mentora.
 Por Mabel Burin *
Algo muy escuchado entre las chicas jóvenes: “A mí no me va a pasar eso del ‘techo de cristal’ (que grafica la subrepresentación de las mujeres en los puestos elevados de las organizaciones laborales), porque sólo de mí depende y sé que lo voy a superar”. En esa formulación actúa un mecanismo de defensa que es la negación; consiste en tratar los elementos de la realidad que resultan desagradables o provocan angustia como si no existieran. En estos casos, se niega que existe, en el campo laboral, una realidad opresiva, que se agiganta cuando las mujeres se ven exigidas a armonizar su vida laboral con su vida familiar, especialmente si tienen niños pequeños.
Para los varones, la negación consiste en que, en cuanto a la crianza de los niños pequeños, “ése es un problema de ellas, yo me tengo que concentrar en mi carrera laboral”. El mecanismo de negación se afirma aquí sobre una realidad social y cultural que atribuye a las mujeres ser las principales responsables del escenario doméstico. En nuestras investigaciones (efectuadas, con Irene Meler, en el marco de la UCES), al explorar el sentimiento más íntimo de los varones respecto de sus hijos pequeños, muchos manifestaron que sí deseaban dedicarse más a su cuidado, desplegar más activamente los llamados “vínculos de apego” con sus hijos. Estos hombres han debido utilizar también diversas formas de racionalización para soportar esta frustración a sus necesidades de apego. Actualmente se describen las “nuevas paternidades” como intentos de superar esa injusta distribución de bienes –materiales y subjetivos– entre los géneros.

Otro mecanismo de defensa entre jóvenes es la idealización, recurso en el cual se toma la parte por el todo, y esa parte se agranda y embellece de tal modo que el resto pasa desapercibido. Hay muchachas que idealizan su entorno familiar, especialmente a madres y hermanas, y dan por supuesto que contarán con su apoyo para formar una familia y criar a sus niños. Con esta idealización desestiman que su madre o sus hermanas u otras familiares pueden no estar disponibles para semejante compromiso, incluso por obstáculos tales como la falta de disposición subjetiva de las abuelas actuales para cuidar de sus nietos.
La autora española María Angeles Durán (El pelo gris debe ponerse de moda, accesible en Internet) considera que las abuelas actuales somos la última generación de mujeres dispuestas a apoyar a nuestras hijas en la crianza de sus niños a cambio de que ellas puedan desarrollar sus carreras laborales. Este espíritu de sacrificio y de postergación de las propias necesidades en nombre de las necesidades de los otros ya no está presente en las nuevas generaciones de mujeres, especialmente entre aquellas que han tenido oportunidades educativas de nivel superior y han desarrollado carreras laborales en las cuales quieren permanecer hasta un período que va más allá del momento de la abuelidad.
Este tipo de trabajo de las abuelas, considerado como una extensión natural del trabajo maternal y doméstico, ha dejado de tener vigencia y legitimidad entre un amplio grupo de mujeres mayores, a pesar de que en sus hijas jóvenes persiste la representación de sus madres como cuidadoras, y no vacilan en catalogarlas como “egoístas” cuando las abuelas desean preservar aquellos deseos que trascienden la esfera familiar y doméstica, por ejemplo porque han desarrollado intereses artísticos o intelectuales que las alejan del cuidado de sus nietos.
Cuando las muchachas jóvenes se afirman en el mecanismo de la idealización respecto de los apoyos familiares para criar a sus niños, la decepción ulterior suele ser agigantada, y se ven sumergidas en conflictos emocionales que a menudo comprometen su salud física y su vida laboral. Sin embargo, todavía persiste el espíritu de solidaridad entre mujeres cuando se trata del cuidado de los niños, especialmente en las comunidades pequeñas, donde suele haber un firme espíritu de solidaridad entre sus miembros. 

La mentora
Ante mujeres con conflictos vinculados con los fenómenos del techo de cristal y de los laberintos de cristal en sus trayectorias laborales, es importante la figura de la mentora, que tiene una significación singular en la vida laboral de las mujeres. Habitualmente, las mujeres que se insertan en carreras laborales se han desarrollado en contextos familiares donde había una mujer que operaba como figura de referencia, modelo de rol en el ámbito doméstico. Cuando las mujeres salen al ámbito público, es probable que puedan contar con una figura mentora en el ámbito laboral o de los estudios, por ejemplo, una jefa o una profesora que les muestra un camino en el mundo del trabajo; pero ella difícilmente podrá guiarla y asesorarla en otros aspectos de su vida como la intimidad familiar. Esto hace que el hallazgo de una figura mentora para las muchachas jóvenes sea difícil y contradictorio, porque es probable que ellas deseen articular su vida laboral con su vida familiar.


El hallazgo y la aceptación de una mentora es objetivo y subjetivo a la vez: no sólo se trata de encontrar a una mujer que esté en condiciones objetivas de operar como modelo de rol en la vida laboral; también será necesario que las muchachas puedan investir libidinalmente a esa mentora y que enfrenten los conflictos de ambivalencia que ésta les suscite, apreciando el valor y la eficacia subjetiva con que opere esa figura en su trayectoria laboral.
El problema que, insisto, suele presentarse es que el vínculo con la figura de la mentora se da principalmente en el ámbito laboral, en un contexto extra familiar, donde no se enseña a desarrollar aptitudes muy personales en el campo de la afectividad ni en los vínculos de intimidad. Esto implica limitaciones en el vínculo: no es exactamente una falta de modelos femeninos para desarrollar una carrera laboral, ya que la mentora suele ofrecerse como modelo de rol en el ámbito laboral, pero no así en la vida privada.
Para los varones, la cuestión de hacer coincidir un modelo para la vida privada con la vida en el ámbito público no parece acarrear problema, porque todavía suelen delegar en las esposas la construcción y el sostén de los vínculos de intimidad y de las relaciones familiares. En cambio las mujeres sostienen la doble inscripción, en la vida privada del hogar y en la vida pública del trabajo. Esto les implica un doble funcionamiento subjetivo, pues las reglas que rigen en la vida pública no son las mismas que se despliegan en la intimidad de la pareja y de la familia, las cuales deben quedar disociadas cuando las mujeres se incorporan a los lugares de trabajo bajo condiciones constiuidas bajo parámetros masculinos.


Un efecto de esta contradicción es que, aunque puedan hallar una mentora en la vida laboral, en sus vidas privadas quedan muy ligadas a sus madres o figuras maternas sustitutas, o bien a los requerimientos de sus parejas. Ambas figuras, materna y de pareja, pueden sostener posiciones subjetivas tradicionales en cuanto al lugar y el papel de las mujeres en la vida familiar, y expresarlas bajo la forma de críticas, comentarios culpógenos y otras manifestaciones que pueden resquebrajar el esfuerzo subjetivo de las mujeres.
Hasta el presente, el género masculino se ha orientado en lo laboral aceptando tener figuras mentoras que habiliten sólo para el mundo del trabajo, pero para el género femenino esto no es suficiente: ellas a menudo no pueden y no quieren delegar sus vidas familiares ni postergarlas indefinidamente. Los efectos de este doble funcionamiento subjetivo para las mujeres implican tensiones y conflictos difíciles de resolver. Aun cuando, cada vez más, hallamos varones que comparten estas inquietudes con el género femenino, y también hallamos mujeres que sólo desean desplegar una vida laboral sin implicarse en los conflictos de la vida familiar, todavía el grupo mayoritario es el de las mujeres que se ven requeridas a resolver estas situaciones conflictivas.
Proponemos la figura de la mentora, para las mujeres, como alguien que opera para la subjetividad femenina en la adquisición de una identidad laboral, pero también como mediatizadora entre el mundo del trabajo y el de los vínculos afectivos y de intimidad. Este concepto es similar al que propuso el psicoanalista inglés Donald Winnicott cuando describió el valor de los “objetos transicionales” para el desarrollo en la temprana infancia. Un rasgo de los objetos transicionales es que son subjetivos y objetivos a la vez: en tanto son objetivos, están ubicados en objetos o personas que existen en la realidad, mientras que su aspecto subjetivo, investidos libidinalmente, contienen aspectos del propio sujeto.

El concepto de mentora se refiere a una figura que contiene proyecciones de la propia sujeto, aspectos de su propia subjetividad, reales o imaginarios, experimentados anteriormente con otras personas –por ejemplo, con una figura materna, paterna o fraterna– que operaron como figuras tempranas de identificación, a veces de modo conflictivo. Junto con estas proyecciones, también se le atribuye ser la representante del mundo público del trabajo, de la realidad que requiere sus saberes, habilidades, experiencias. Esta doble representación de la mentora, subjetiva y objetiva, tiene un efecto a veces conflictivo sobre el vínculo con la mentora, a la vez que es fundante en la identidad laboral de las mujeres, en cuanto las sostiene para enfrentar sus conflictos de modo creativo.


Debemos estar atentas a que estas relaciones, a menudo difíciles, no den como resultado el abandono o renunciamiento a establecer proyectos firmes y sostenidos en el ámbito laboral, o bien al desaliento en el orden de mejorar las trayectorias laborales. La figura de la mentora operará para contener y sostener los proyectos e inquietudes de las muchachas, mostrándoles caminos posibles para no declinar en sus esfuerzos.
Muchas mujeres de nuestra generación, que ya hemos transitado por esos conflictos y hemos encontrado modos variados de resolución, podríamos constituirnos en un colectivo solidario a disposición de las nuevas generaciones, para encarar las demandas laborales actuales con espíritu de justicia y equidad.



* Directora del Programa de Estudios de Género y Subjetividad de la UCES. Texto extractado de “Jóvenes, trabajo y género. Itinerarios laborales, laberintos de cristal y construcción de subjetividades”, que publicará, como parte de un libro de varios autores sobre trabajo juvenil, la Universidad Autónoma de México (UNAM).